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febrero 03, 2018
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Antonio
José de Sucre nació en Cumaná, el 3 de febrero de 1795. Fueron sus progenitores
María Manuela de Alcalá y Sánchez y el teniente Vicente de Sucre y Urbaneja.
Llegó a ser general en jefe de los Ejército de Venezuela, Colombia y Ecuador;
Gran Mariscal de Ayacucho y presidente de Bolivia.
Es
reconocido como político y estadista y considerado el jefe militar más completo
y brillante de todos los próceres venezolanos. Se incorporó desde muy joven a
la gesta emancipadora latinoamericana.
El
Comandante Hugo Chávez sentía una inspiración y lealtad al Gran Mariscal, no de
Ayacucho, Gran Mariscal de nuestra América, Antonio José de Sucre, restos que
reposan en la Catedral Metropolitana de Quito, como fue su voluntad: ser
sepultado en Quito, ciudad de su esposa y de su hija”.
En
una de sus conmemoraciones, expresó: “Sucre, está en la patria. Y tiene toda la
razón, el Gran Mariscal está enterrado en la patria, como nosotros en este
momento también nos encontramos en nuestra patria, porque para nosotros la
patria es América, como lo dijo ese inmenso latinoamericano José Martí. No
saben que emoción que siento, qué honor, qué orgullo, estar el día del
natalicio de uno de los inmensos latinoamericanos de todos los tiempos, alguien
que en lo personal admiro muchísimo, inmenso en la paz como en la guerra, el
oficial más leal y más querido del Libertador Simón Bolívar, está en el día de
hoy, día del natalicio de Antonio José de Sucre, en su ciudad natal (…).
Sucre,
no sólo fue asesinado por los traidores, por los enemigos del Libertador, de
forma traicionera ese día trágico en las selvas de Berruecos. Sucre ha sido
asesinado muchas veces por el entreguismo, la cobardía, la traición de nuestras
élites, por la prepotencia de los imperios que vieron a América Latina, tan
solo como un patio trasero.
Sucre
fue asesinado muchas veces por la burguesía venezolana, 70 años de ser el mayor
productor de petróleo del mundo, y ¿dónde fue esa riqueza? El estado de Sucre y
toda Venezuela con sus bellezas naturales, al ver las bellezas de esta tierra. Sucre
fue asesinado por la contra, por los reaccionarios de Nicaragua.
Sucre
fue traicionado también por esas élites ecuatorianas, que hablan español pero
piensan en inglés, y Sucre fue asesinado por estos 20 años y más de la larga y
triste noche neoliberal. Pero vino el pueblo latinoamericano, resurgió América
Latina, esta América nuestra, mestiza, india, morena; como el ave fénix,
resurgió de sus cenizas; como decía Eloy Alfaro, el más grande ecuatoriano de
todos los tiempos: ‘Mientras más densa y oscura es la noche, más cercano está
el amanecer’. Y ese amanecer llegó. Y Sucre está resucitando, porque resucitan
los pueblos latinoamericanos, para ser dueños de su propio destino, para decir
nunca más a un pasado de oprobio, a un pasado de saqueo, para decir presentes a
las revoluciones dignas, soberanas, que buscan una América para todas y para
todos.
Una
América inundada de soberanía, de dignidad, de libertad. En este día, Sucre
está más vivo que nunca.
Y
con su ejemplo, los pueblos latinoamericanos, seguiremos adelante, seremos
invencibles y esta Revolución Bolivariana, esa Revolución Sandinista, esa
Revolución Ciudadana en Ecuador, esa Revolución… jamás dará ni un paso atrás, y
venceremos”.
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